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Opinión > Rafael Muñoz Abad - doctor en Ciencias Náuticas y Navegación por la Universidad de La Laguna, piloto de 1ª de la Marina Mercante, Controlador de Salvamento Marítimo.

7 Enero 2010.

"Vamos a reflexionar un poco acerca de España y su canija política exterior. Por una causa u otra, en la última legislatura pepera, y haciendo un símil futbolístico de esos que tanto gustan al señor Zapatero, estábamos en la media-tabla alta de la primera clasificación mundial. Hoy estamos en todo lo alto de la tabla..., pero de la segunda división internacional. Desde la capital del reino se puede volar directamente a muchos sitios, y a otros como Caracas, La Paz, La Habana, pero no a algunos como Dubai, Hong Kong, Seúl, Shangai, Sidney, Singapur, Pekín o Tokio, importantes plazas de la economía globalizada. En resumen, Madrid es una gran capital de la segunda división internacional, acorde con la clasificación de España, y es que para ir a determinados lugares, la tan cacareada novena economía del mundo, no ofrece muchas opciones, y hay que recurrir a los aeropuertos de los que realmente marcan el ritmo del pelotón, entiéndase Frankfurt, Londres, París o Nueva York.

España y su recientemente frágil, y no pocas veces kafkiana política exterior, es el puro reflejo de la incapacidad internacional que nos gobierna. Nos gusta jugar a ser una potencia, que si soldados para Kabul, que si un par de fragatas al Índico, y cosas por el estilo, pero no tenemos ese peso específico que tienen ingleses, franceses, y no citemos ya a otros países.

¿Y cuál es la razón? Desde mi humilde opinión, hay no pocas variables que podríamos desplegar. Vayamos por partes: nuestras Fuerzas Armadas no son relevantes al nivel que pretendemos movernos en el teatro internacional. Carecemos de logística de peso, por ejemplo somos incapaces de gestionar un puente o corredor aéreo entre Madrid y nuestros despliegues militares, por lo que dependemos de otras potencias más asentadas, con más y mejores medios, y quizás lo más importante, con un peso y respeto reconocido a nivel internacional. Francia dio la independencia a sus ex colonias africanas, pero supo guardarse varios ases en la manga en forma de derechos de atraque a lo largo del globo. El Reino Unido, que tiene y tendrá por mil años en Gibraltar la llave del Mediterráneo, puso a la Junta argentina en su sitio con las Malvinas o, mejor dicho, Falklands, además de mantener estratégicas posesiones en medio del Atlántico y el Índico. En síntesis, una larga lista de territorios que garantizan a ambas naciones su rápido y efectivo despliegue en cuestiones de ejecución de su política exterior, además de solucionar los problemas a terceros países como el nuestro.

Resulta que nos sentimos importantes por destacar dos buques de guerra al Índico, buques castrados por un gobierno que muestra un alarmante prejuicio a la hora de usar la fuerza de una forma razonable, cuando la situación así lo requiere, y cuyo despliegue se basa ni más ni menos que en la generosidad del gobierno francés a la hora de permitirnos usar Djibuti como puente y escala entre nuestro nimio despliegue y la Península, entre otras cosas porque no tenemos para más.

Si miramos un mapa geográfico, vemos que la posición de España y su extensión canaria representa una excelente posición para influir en África, cosa que en un principio no tenían ni franceses ni británicos. Paradójicamente, resulta que nuestra política hacia el África cercana es un auténtico desastre institucional. De Fuerteventura a Cabo Yubi a duras penas hay 100 kilómetros, y la distancia del sur de Tenerife a Noadibhou, o Dakar, es sensiblemente menor que la que hay desde París o Washington, y lo cierto es que dependemos de una llamada del Palacio del Elíseo, o de la Casa Blanca a su principal aliado en la zona, Marruecos -¡que no España¡- para solucionar cualquier incidente, desde un perejilero islote usurpado, una huelga de hambre o un pesquero apresado. Y me hago yo la siguiente pregunta, y a ustedes también: ¿qué fue de nuestra presencia en suelos africanos?,¿qué peso nos queda? A nosotros nos queda, pues eso, un lado de la verja de Gibraltar, y de África los áticos en La Castellana del señor Obiang, románticos mapas con los nombres de Villa Cisneros, ahora Dakhla; El Aaiún, ahora Laayoune, a Zapatero y su Alianza de Civilizaciones sacándose fotos con el rey de Marruecos, con el trasfondo de una vergonzosa imagen que muestra el gran reino alauita incluyendo Ceuta, Melilla y las Islas Canarias, el secuestro del Alakrana, los cooperantes secuestrados en Mauritania y las boyas rojigualdas de Gibraltar para que los británicos hagan practicas de tiro y gracias. Digo gracias, por que el sultán de Rabat no es tan astuto como si lo era su progenitor, el difunto y leal Hassán II, que haría con Zapatero lo que le viniese en gana, y ya habríamos tenido otra Marcha Verde sobre Ceuta y Melilla, que serían entregadas, eso sí, con una transparente legalidad, que diría doña Teresa de la Vega.

Volvamos a nuestro peso internacional, y como segundo punto profundicemos en una de las posibles causas de tal mal: los temas y las políticas marítimas. El porvenir y el progreso de las naciones desde el siglo XVII se gestó en el dominio de los mares. En otras palabras, las políticas continentales se ejecutaban en la mar, y en eso fuimos pioneros, y para no ser menos que los actuales gobiernos, ya desde Felipe II y su desastrosa Armada de 1588 contra Inglaterra nos encargamos de dar la espalda a los temas navales. Situación que británicos, franceses y holandeses si supieron entrever mucho mejor que nosotros, robándonos de un plumazo el protagonismo internacional, haciéndose con las rutas comerciales, monopolizando en sus metrópolis los principales bancos, los más prestigiosos despachos de abogados, las sedes de las multinacionales y compañías de navegación, adquiriendo las cuotas de mercado de las más influyentes materias. El establecimiento y consolidación de un poder marítimo, y la política del gun power, dio a Inglaterra el favor de negociar el cualquier punto del mundo con la ventajosa situación de como mínimo ser respetada y tenida en cuenta, situación que incluso hoy en día ya es mucho. Tal vez por esa estrategia trabajada y reconocida a lo largo y ancho del globo, sería muy difícil ver un pesquero abanderado con la Union Jack secuestrado por una banda de desalmados. Por eso, y porque los rescates se pagan en los bufetes de la City londinense, incluido parte del Alakrana...y los que le sigan.

Y citando la referencia anterior a los despachos de abogados, digo yo que su gobierno, señor Zapatero, algo tendrá que decir a los españoles y a Londres por un pago legal y transparente que se hace entre dos miembros de la Unión Europea y su legislación al respecto, pareciendo ser uno de ellos el escandaloso intermediario de los señores de la guerra somalíes en Occidente. Ahí tiene usted el peso de la política exterior británica y la de su gobierno. Por eso, y porque saben que usted y su talante paga puntualmente.

Para ir cerrando este desolador paseo volveré al tema numérico, que no cualitativo. Creo que nos vienen grandes las misiones militares al exterior, al menos como las plantea este gobierno. Sobre todo porque el valor de nuestros militares, que es infinitamente superior al de la política exterior y marítima del Ejecutivo, está fuera de toda duda, pero con apenas 160 aviones de combate, y con un puñado de barcos, no podemos salir al mundo como una potencia capaz de proyectar una fuerza autosuficiente en zonas conflictivas. Tanto por cuestiones numéricas que, de acuerdo, son solucionables, como por cuestiones de credibilidad, imagen, fortaleza, y seriedad, y esos valores no se compran, se plantan y los demás ven los brotes. El grueso de la política natural exterior de España de mayor influencia por su propia seguridad nacional, aparte de hacia Iberoamérica por cuestiones socio-culturales, debería ser sobre el Magreb inmediato, en un radio que llegase hasta Senegal. Para tal cometido las alianzas de civilizaciones serían más recomendables con Washington, ejerciendo nosotros el papel de alfil en la zona, y no peripecias diplomáticas con los Chávez, Evo Morales, Mohamed VI, y otros personajes similares. Hoy este gobierno negocia, o mejor dicho desnegocia y paga, conocedor la otra parte de su escaso peso, menor influencia internacional, y envalentonándose ante los gravísimos prejuicios, casi rozando el diván del trauma, que La Moncloa tiene a la hora de considerar el uso de la fuerza de una forma legal, razonable, e irremediablemente necesaria cuando determinadas situaciones lo requieren, y una vez agotadas las vías diplomáticas No me encumbraré en defensor de una carrera armamentística nacional, ni muchísimo menos, pero sí en mostrar una actitud algo más prusiana, que nos dé un ascenso aunque sea al fondo de la tabla de la primera división internacional, y eso pasa por arrimarse a los más aplicados de la clase, y no a la farándula internacional".

* Controlador de Salvamento Marítimo, doctor en Ciencias Náuticas y Navegación por la Universidad de La Laguna

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